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Diabetes, protejamos nuestro futuro

“Protejamos nuestro futuro” es el lema para la campaña del Día Mundial de la Diabetes 2013, quinto y último año de la campaña 2009-2013 de la Federación Internacional de la Diabetes sobre “Prevención y Educación de la Diabetes”. Y es que los hábitos poco saludables y el progresivo envejecimiento de la población están provocando un incremento importante de esta enfermedad, que ya sufren 371 millones de personas. Una cifra que se espera que aumente hasta los 500 millones para 2030. Si queremos proteger el futuro, todos tenemos un papel que jugar, sobre todo en lo que a cambio de hábitos se refiere.

Tipo 1 y tipo 2
En la diabetes tipo 1 el páncreas no produce insulina por lo que su tratamiento conlleva, varias veces al día, la administración de la insulina necesaria para poder mantener los niveles de glucosa sanguíneos dentro de los valores normales. De ahí que se le denomine “insulinodependiente”. Aunque en algunos casos existe un factor hereditario, actualmente está demostrado que es una enfermedad de origen autoinmune. Es más frecuente que aparezca de forma brusca en niños y jóvenes menores de 30 años, por lo que también se la conoce como “diabetes juvenil”.
En la diabetes tipo 2, en cambio, sí se produce insulina pero está no puede cumplir con su función. El tratamiento no consiste, en principio, en administrar insulina sino que muchas veces se puede controlar con una alimentación adecuada y la práctica de ejercicio.
Suele presentarse después de los 35-40 años por lo que también se la conoce como “diabetes del adulto”. Representa el 90% aproximadamente de todos los casos de diabetes.

Cada vez más niños
Un factor que preocupa, y mucho, a las autoridades sanitarias es la creciente proporción de niños afectados, no sólo de la diabetes tipo 1, sino también de la tipo 2. A diferencia de la primera (más frecuente en niños y jóvenes menores de 30 años), hasta ahora, la diabetes 2 (la "no insulinodependiente" o “diabetes del adulto”) se venía asociando precisamente a personas adultas en las que los factores genéticos, la obesidad (el 80% de diabéticos tienen sobrepeso u obesidad), las dietas desequilibradas (muy energéticas y ricas en azúcares sencillos), el sedentarismo y el envejecimiento estaban muy presentes. En la actualidad, este tipo de diabetes representa entre el 90% y el 95% de todos los casos, y se da cada vez más en niños y adolescentes por, entre otras razones, el incremento de la obesidad infantil.

Hábitos saludables, la mejor medida preventiva
En la aparición de la diabetes tipo 2 juegan un papel importante los antecedentes familiares y la genética. Además, un bajo nivel de actividad física, una dieta inadecuada y un peso corporal excesivo (especialmente en la zona de la cintura) aumentan significativamente el riesgo de desarrollar este tipo de diabetes. Asimismo, tener más de 45 años, cifras de HDL (colesterol beneficioso) de menos de 35 mg/dl o niveles de triglicéridos superiores a 250 mg/dL, hipertensión arterial, y antecedentes de diabetes gestacional son otros factores de riesgo.

La mejor medida preventiva es tener unos hábitos de vida saludables, sobre todo:
-Practicar ejercicio físico moderado y mantenido en el tiempo.
-Dejar de fumar
-Seguir una dieta equilibrada, baja en grasas y azúcares simples (dulces, bollería, precocinados…) y abundante en frutas y verduras. 

Estas medidas están encaminadas a reducir el sobrepeso y la obesidad, especialmente la obesidad abdominal o central, que está en la gran mayoría de personas con diabetes tipo 2. Respecto a la diabetes tipo 1, no existen métodos para prevenir la presentación de esta forma de diabetes.

La mejor prueba diagnóstica es la cantidad de azúcar en sangre en situación de ayunas (glucemia basal). Las personas sin los factores de riesgo mencionados antes deberían realizarse un análisis a partir de los 45 años, y si la glucemia basal resulta normal repetir se con intervalos de 3 años. En el caso de obesidad (central), antecedentes de diabetes gestacional, o cualquiera de los factores de riesgo se recomienda un análisis de sangre en cuanto sea posible y, si es normal, hacer análisis de sangre anuales.

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