Cada mujer experimenta la menopausia de una manera diferente. Mientras a algunas les molesta el insomnio, otras se quejan de cambios del humor, otras terceras de molestias en las relaciones sexuales, y aún quedarían algunas que se lamenten de los inoportunos dolores articulares. Sin embargo, el síntoma más frecuente atribuido a la menopausia es el sofoco. Más de un 80% de las mujeres menopáusicas o perimenopáusicas dicen tener sofocos, de mayor o menor intensidad. Las demás, no es que no los presenten sino que es muy probable que no los tengan en cuenta.
Aunque no conlleven riesgos para la salud, los sofocos suelen ser bastante molestos y a veces desconcertantes. Cuando ocurren por la noche, cortan el sueño e inducen al insomnio y a un más que lógico cansancio al día siguiente. Por el día, interrumpen con frecuencia las tareas cotidianas y así mismo provocan una disminución de la concentración, problemas de memoria e irritabilidad.
¿Qué son?
Los sofocos son una sensación de calor súbito, como una ola de calor que se adueña del tronco, cuello y cara y con frecuencia se hacen acompañar de un enrojecimiento de la piel. A esta sensación simultáneamente se puede sumar una sudoración por todo el cuerpo, que varía desde una leve humedad de la piel hasta una transpiración abundante capaz de empapar toda la ropa.
Algunas mujeres relatan que sus sofocos son precedidos o acompañados de sensación de debilidad o mareo, palpitación, nausea o ansiedad; tras desvanecerse puede aparecer una sensación de frío.
Los sofocos pueden ser esporádicos o apenas manifestarse. No obstante, en los casos más extremos, pueden llegar a superar una cifra de 20 al día. La duración también es variable, algunos duran unos pocos segundos mientras otros pueden prolongarse por unos largos 30 minutos.
Lo cierto, es que hay una tendencia a reducirse con los años. Después de transcurridos 4 o 5 años de menopausia son pocas las mujeres que siguen padeciendo sofocos.
La causa
Los sofocos son consecuencia de una importante disminución de estrógeno del nivel sanguíneo (principal hormona femenina). El mecanismo exacto por el cual aparecen los sofocos no es del todo conocido. Se cree que el déficit de estrógeno actúa en el cerebro sobre el centro regulador de la temperatura corporal “confundiéndolo”, de modo que éste desencadena los mecanismos destinados a que el cuerpo pierda calor, aunque no exista una situación que los requiera, como la dilatación de los vasos sanguíneos periféricos, lo que explica la sensación de calor, el rubor y la sudoración.
Los sofocos no aparecen sólo en la menopausia
Si te acercas a los 50 años, o los has cumplido recientemente, si ya no tienes la regla o empiezas a presentar irregularidades y tienes oleadas de calor, casi con toda seguridad se trate de los sofocos de la menopausia.
Sin embargo, hay otras situaciones en que pueden aparecer también sofocos, tales como algunos tumores cerebrales, infecciones graves, alcoholismo, o desorden del tiroides. Igualmente algunos medicamentos (entre otros la nifedipina y la calcitonina) pueden presentar los sofocos como efectos secundarios.
Así mismo es importante aclarar que, si hay alguna duda en cuanto a la relación de los sofocos con la menopausia, siempre se puede realizar una analítica sanguínea y medir ciertas hormonas (FSH y Estradiol) para en su establecer o descartar el diagnóstico de menopausia.
Los hombres también pueden presentar sofocos si su nivel de testosterona (hormona sexual masculina) disminuye de manera drástica. Por ejemplo, el 75% de los hombres con cáncer de próstata, a los que se les practica una cirugía en la que les retiran los testículos, o siguen un tratamiento médico para reducir la producción de la testosterona, refieren sofocos.
¿Se pueden tratar los sofocos?
Por supuesto que sí, o por lo menos, se pueden reducir a niveles bastante llevaderos. Muchas mujeres con sofocos leves y poco frecuentes suelen tener una respuesta realmente satisfactoria con el uso de isoflavonas de soja. Por otro lado, cuando hay un número mayor de sofocos y éstos son más intensos, el mejor tratamiento es, sin lugar a duda, la terapia hormonal con estrógenos (parches, pastillas, cremas, etc). En el caso, de que esta terapia esté contraindicada, o que la mujer no la desee utilizar, el uso de ciertos antidepresivos en dosis bajas puede resultar de gran ayuda.
La mujer japonesa
La incidencia de sofocos en la mujer japonesa es infinitamente menor que en la mujer occidental, menos de un 10%. Resulta interesante: en japonés no hay una palabra específica para nombrar los sofocos. Esta circunstancia puede ser explicada por sendas razones: una cuestión cultural, la mujer japonesa no comenta ni divulga sus quejas y también por el tipo de alimentación de esta población, que es rica en soja (cerca de 200 mg frente a una media de 5 mg diarios en Europa), y la soja contiene fitoestrógenos que actúan como si fueran estrógenos naturales.
Consejos
.- Evita las comidas excesivamente calientes o picantes y las bebidas alcohólicas.
.- Trata de evitar los ambientes cerrados y pocos ventilados, donde haga mucho calor.
.- Lleva ropas preferiblemente de algodón, sin cuellos largos ni cerrados.
.- Vístete por “capas”, de modo que sea fácil quitarte prendas si hace falta.
.- Intenta relajarte en el transcurso del sofoco y respira pausadamente. Si te pones nerviosa será peor.
.- Toma un vaso de agua fría al inicio del sofoco si éste es severo. Te ayudará a sobrellevarlo.
Durante un sofoco, aunque la temperatura del interior del cuerpo no cambia, la de la piel se puede incrementar en 4º o 5º centígrados.
El estrés no es la causa de los sofocos pero sí un factor que los desencadenan.
Los sofocos no suponen ningún riesgo para la salud de la mujer, son transitorios y desparecen con el tiempo.
Estudio para el tratamiento y control de sofocos
Esta información está dirigida a mujeres que tengan sofocos y estén afectando su calidad de vida.
En el Instituto Palacios estamos haciendo un estudio para el tratamiento y control de los sofocos. El tratamiento es completamente seguro y totalmente gratuito.
Las mujeres deben tener entre 45 y 65 años, al menos 1 año de menopausia y tener 3-4 sofocos al día.
La duración del estudio es de 7 meses, tendrán una consulta de orientación con un ginecólogo, se le realizarán 2 analíticas de sangre y si se considera necesario, se les hará una Densitometría ósea. Todo completamente GRATUITO.
Si estás interesada en controlar tus sofocos, llama a nuestro Tlf--91 578 05 17 y pide hora para una consulta del “estudio de sofocos”.
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